Cyan•ade

Existe una infinidad de formas de contar una historia:

“Ella lo amaba. Él murió”, es un forma de decirlo.

“Ella confundía los balazos con besos, y al besarlo, lo mató”, es otra.

Al final las palabras solo revelan una parte de lo ocurrido, es parte de su naturaleza imperfecta; y queda en el lector completar la historia con las imágenes que se lleguen a fabricar en su mente.

Ella lo amaba, como los gusanos de tierra aman el rocío matutino; con ansia, sabiendo que el sentimiento existe por solo un momento y que pronto el sol reclamará su impuesto. Pero él no era de nadie, era vapor de agua que viaja por cualquier lugar sin conocer barreras; hasta los gruesos muros de concreto terminaban preñados de moho por su influencia. Ella eso no lo entendía, tal vez porque era pequeña o porque no conocía el olor acre de un sentimiento añejado en las penumbras de una calabozo medieval. Matar es poseer y, aunque esa no fuera la razón, sí fue el resultado.

Cada texto revela un estilo y una perspectiva. Cada forma atisba a los adentros del escritor, quién deja reflejos en la selección de sus palabras.

Ella se llamaba Nicté-Ha. Él Augusto. Eran una fórmula matemática sin solución teórica, y las aproximaciones numéricas no le gustan a nadie.

Las mejores historias dejan vacíos, hilos inconclusos que el lector llena con suposiciones que nunca lo dejan satisfecho. El relato se vuelve cíclico, infinito, como una plegaria o un castigo; siempre volviendo sobre sí mismo, idéntico pero cambiante, presa de la perspectiva del lector.

Ella tenía un amor perfecto, maternal, dispuesto a sacrificarse por aquel igual que la hiciera soñar con auroras boreales. Esa era su falla, no existen los iguales y él era su opuesto. El placer es, por definición, breve; si se prolonga, se convierte en dolor; y ella le provocó dolor, un dolor que él nunca entendió. ¿Cómo le explicas al agua que tú no eres libre? ¿Puede el agua siquiera entender que tú tienes una palabra para expresar libertad y otra para expresar la falta de ésta? De la misma manera que un ciego no puede entender que es la luz y que es la obscuridad, él no entendía que significa irse o quedarse. El agua fluye, es inevitable. Él, aún muerto, fluye; y ella… sólo posee una etiqueta de asesina.

Las historias también pueden ser aburridamente precisas.

La madrugada del domingo en una colonia al sur de la ciudad, Nicté-Ha Pérez López, una joven estudiante del Conalep Copilco de apenas dieciséis años de edad, presuntamente envenenó con cianuro a su amante: Augusto Rivadeneyra Prohl, un consultor financiero de  treinta y cinco años de edad, oriundo del norte de la ciudad. Varios detalles de este trágico suceso siguen sin ser aclarados por las autoridades, quienes informaron a este medio que harán una declaración formal el día de mañana a las tres de la tarde, cuando hayan terminado de interrogar a la llamada “amante asesina de Copilco”, y puedan terminar de analizar las evidencias; proceso que ha sido retrasado por el apagón que ocurrió en la zona, ayer por la noche.

La familia de la víctima se negó a responder las llamadas de este medio, y el abogado asignado por la familia, el Licenciado Rodrigo Balbuena y Ortíz, solo se limitó a decir que: “Esperaran a que la autoridad recopile la evidencia del caso antes de hacer cualquier declaración”. Nicté-Ha Pérez López se encuentra detenida en los separos de la agencia 22 de esta ciudad capital y no se le ha designado, hasta el cierre de esta edición, ningún defensor de oficio. Este caso se suma a otros cinco asesinatos que han ocurrido en el año, donde mujeres jóvenes asesinan a sus amantes maduros. Las redes sociales ha bautizado a este fenómeno como #sugardaddymurderchallenge.

La presente nota periodística expresa la opinión del autor que la suscribe y no la del periódico La Hora, o la de sus editores o demás empleados.

En las historias es posible armar laberintos ocultos, sabiendo usar los detalles. Las dudas no deben ser razonables; y, en cierta medida, abundantes. El hilo debe estar torcido, tanto como el público objetivo lo requiera; y debe, al menos en apariencia, poder ser desenredado por el lector, quien nunca le dedicará su tiempo a una maraña. Escribir requiere entonces del engaño, pues solo así se logra la anhelada sorpresa. El clímax despierta en el lector las zonas dormidas de su cerebro, lo que le permite apreciar la congruencia momentánea del relato.

–¡Es una verdadera canallada de nuestro sistema legal lo que le está ocurriendo a Nicté-Ha! Se han violentado todos sus derechos humanos y el gobierno ha ultrajado nuestra Constitución al procesar a una menor. Debemos preguntarnos: ¿Esto hubiera ocurrido si Nicté-Ha perteneciera a un estrato social privilegiado? ¿O si su familia hubiera tenido los recursos económicos para pagarle a un abogado renombrado, como lo hizo la familia del Licenciado Rivadeneyra? ¿O si ella fuera de piel blanca y pelo güero? ¡Es increíble que nuestra justicia se prostituya para defender los intereses de los ricos y sea capaz de sacrificar a sus hijas! ¡Al futuro de nuestro país! ¿Por qué nadie acusó al Licenciado Rivadeneyra de corrupción de menores? ¿Por qué su memoria se enarbola? ¿Por qué el gobierno insiste en mostrarlo como un ciudadano ejemplar, y no como el monstruo sexual que realmente era? ¿Por qué no están buscando a las otras víctimas de sus deseos impuros? ¿Por qué debemos castigar a la única víctima que fue capaz de defenderse? ¡Y que quedé claro! ¡Nicté-Ha es la única víctima! ¡Todas somos Nicté-Ha! ¡#LibertadaNicteHa!.

Los aplausos y las injurias de los presentes se hicieron sentir frente a las oficinas de la Secretaría de Gobernación. ¿Por qué protestaban ahí y no frente a la cárcel de mujeres, que es dónde Nicté-Ha estaba detenida? No lo sé, tal vez las camionetas de los medios televisivos no querían ir hasta allá, o tal vez Nicté-Ha terminaría convirtiéndose en otro estandarte de la oposición política contra el gobierno actual, es difícil saberlo en el tergiversado mundo en el que vivimos.

Recordemos que nada nos impide sumar más perspectivas a una historia, o incluso, torcer el tiempo y el espacio, con tal de crear más acertijos para el lector.

Todo permanecía sereno dentro de la celda de Nicté-Ha. El ruido y la furia que habían invadido su día, se habían dispersado. Los decibeles habían disminuido hasta permitirle escuchar el arrullo de los grillos y el murmullo del fresco otoñal. “La vida sigue, aún en este mundo artificial creado por el hombre”, meditó, mientras abrazaba su cuerpo tratando de emular el tacto de Augusto. “Realmente me amaba. A pesar de que un mundo nos separaba, él me amaba”. Esas palabras la reconfortaban y le permitían subsistir esta prueba. No sabía con certeza cual era la decisión que debía tomar a continuación, le hubiera gustado que él estuviera aquí para aconsejarla. Él era muy sabio, tenía una forma de ver las cosas que siempre la sorprendía.

Recordó la vez que ella había reprobado matemáticas y él le había sugerido presentar un trabajo extra sobre las Fórmulas de Cardano-Ferrari. Su profesor sospechó que había recibido ayuda, pero no era capaz de imaginar que ella tuviera acceso a este tipo de ayuda, por lo que terminó dándole los puntos extras para aprobar la materia. Así era Augusto, un hombre de revista que tenía miles de recetas para comerse al mundo.

No pudo evitar humedecerse y sonrojarse al conjugar las palabras “comer” y “Augusto”. A él le encantaba “comerla”, devorar sus líquidos que él llamaba “manjares exquisitos”. Esas palabras también la ruborizaron y excitaron aún más, y ese familiar olor a almendras le indicaba que había vuelto a empapar sus bragas. ¿Por qué los demás no podían entender lo que ella y Augusto compartían? ¿Realmente eran tan ciegos e inexpertos? ¿O sólo eran hipócritas y envidiosos? Que ella envenenara a Augusto fue el pináculo de su relación amorosa, en el que ella podía presenciar los últimos instantes de vida de él. Una vida esplendorosa sin duda; el telón se cerró frente a su mayor admiradora. Así debía de ser vivido su romance, con timbales y trombones. Fue su sacrificio y su regalo para él, que tanto le había compartido a ella, desinteresadamente, como lo haría un padre, un padre que ella nunca tuvo. El escándalo que la rodeaba era solo eso, estruendo de una población con discapacidad mental y emocional.

Nadie entendería el amor que se tuvieron.

Concluir una historia nunca es sencillo, siempre queda la inercia que sigue tecleando palabras y arruinando el aterrizaje perfecto. Después de la palabra “Fin”, una buena historia debe flotar en el aire, más allá de las barreras físicas del papel.

Eran las 11:37 p.m. del 21 de Octubre cuando el alumbrado de la ciudad falló, provocando un corto en todo el sistema eléctrico de varias colonias a la redonda. Un olor a almendras fermentadas invadió el interior de la Cárcel de Mujeres.

Existe un expediente abierto por conspiración y comercio ilegal de cianuro contra quién resulte responsable. Un intento inútil del sistema por darle explicación científica a sucesos que no la tienen.

https://www.periodicolahora.com/Policia/A-un-año-del-caso-de-los-amantes-de-Copilco-las-autoridades-aun-no-saben-quien-fue-el-proveedor-del-cianuro

Anuncios

Un comentario en “Cyan•ade

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s