Notas del Diario: Random Candor (19/Dic/2018)

Toda felicidad tiene algo de hipocresía, solo la tristeza es pura y honesta.

Hacía tiempo que no viajaba por avión, menos del lada de la ventanilla. El vuelo a Monterrey había salido antes del amanecer.

Las luces de la Ciudad de México permanecían encendidas y un velo naranja marcaba la silueta del Iztlaccíhuatl y del Popocatéptl, con todo y una pequeña fumarola. El avión giró, dirigiéndose al norte, y mi ventanilla quedó apuntando al Este, lo que me iba a permitir contemplar el amanecer mientras volábamos.

La línea naranja fue definiéndose conforme avanzábamos, iluminando el horizonte e indicando dónde termina la tierra y empieza el cielo; las nubes bajas, tal vez por ser invierno, asemejaban la espuma de un café capuchino, esponjadas e impávidas. Arriba, un azul oscuro, sin estrellas ni nubes, misterioso como el fondo del mar.

Algunos detalles de la topografía podían detectarse aquí y allá. Unos cuerpos de agua, por Hidalgo tal vez, se asomaban entre los huecos que dejaban las nubes, partes de una cordillera sobresalían a lo lejos, ¿será la Sierra Madre Oriental? “Obvio”, pienso para mis adentros, “¿Alguna otra observación brillante, Sherlock?”

El sol de repente apareció como una pelota en llamas, de un naranja profundo que se puede mirar de frente. A los poco minutos se transmuta en un amarillo intenso, que deslumbra a cualquier curioso. Tomó una fotografía, pero muchos detalles se pierden en la misma, detalles que sólo quedarán presentes en mi memoria.

El horizonte parece arder en llamas conforme el sol hace su aparición y unos diminutos puntos brillantes en la ventanilla me impiden tomar más fotografías. Me recuerdan al parabrisas desgastado de una troka de Chihuahua, que a causa de la arena y los fuertes vientos del desierto, muestra este salpullido brillante que disminuye el campo de visión del conductor. En mi caso, estos puntos brillantes son moléculas de agua congeladas; colocó mi mano en la ventanilla para corroborar lo frío que está afuera.

El sol levanta las nubes, como si se despertaran de un sueño y reanudarán su marcha. El cielo ya no es tan claro y nítido. otro grupo de nubes más borrosas parecen elevarse más que nosotros; entre el sol y sus diminutos admiradores adheridos a mi vista, no puedo apreciar más detalles y mi mente pierde atención y vaga por otras veredas.

Mientras tomó notas, el avión inicia el descenso en Monterrey, el amanecer se ha completado.

Haciendo filipolladas* (Nota del traductor: haciéndola de pedo en el original en idioma chilango).

Las cosas solo pasan, es el ser humano el que busca darle significado.

El hubiera no existe, por lo tanto este texto tampoco

 

 

 

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